Investigación para la acción, acción para la investigación en población víctima del conflicto armado

  • Patricia Eugenia Carrera-Díaz Fundación Universitaria Monserrate

Resumen

Este documento producto de investigación sigue el paradigma crítico social con un enfoque cualitativo. El tipo de investigación es Investigación Acción. A partir de un diagnóstico participativo, se proponen cinco sublíneas que configuran la acción: planteamiento, desarrollo y alcance, así como su reflexión, presentándose los principales hallazgos y conclusiones. Se revisan algunos elementos epistemológicos, teóricos, conceptuales y metodológicos de la Investigación Acción, en relación con el voluntariado, la familia, las Ciencias Sociales y la convivencia en la cotidianidad de la organización. Se concluye que la violencia sociopolítica se suma a las violencias cotidianas que deben incluirse en los distintos procesos que se adelanten con la población beneficiaria y se llama la atención sobre las lógicas de campo en la investigación y las que el sistema exige a la Academia.

Biografía del Autor

Patricia Eugenia Carrera-Díaz, Fundación Universitaria Monserrate

Socióloga de la Universidad Nacional de Colombia, Magister en Sociología de la Universidad Nacional de Colombia. Docente investigadora del Grupo de Investigación Procesos Sociopolíticos Contemporáneos del Programa de Trabajo Social de la Fundación Universitaria Monserrate.

Citas

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Publicado
2017-12-20
Como citar
CARRERA-DÍAZ, Patricia Eugenia. Investigación para la acción, acción para la investigación en población víctima del conflicto armado. PROSPECTIVA. Revista de Trabajo Social e Intervención Social, [S.l.], n. 25, p. 163-186, dic. 2017. ISSN 2389-993X. Disponible en: <http://revistaprospectiva.univalle.edu.co/index.php/prospectiva/article/view/5966>. Fecha de acceso: 22 jul. 2018 doi: https://doi.org/10.25100/prts.v0i25.5966.

Palabras clave

Ciencias Sociales, Investigación Acción, Conflicto Armado Interno, Víctimas; Organización

1. Introducción

El estudio surge del trabajo que se viene adelantando en el Grupo de Investigación Procesos Sociopolíticos Contemporáneos, específicamente, en el semillero de investigación Conflicto, Memoria y Paz, del Programa de Trabajo Social de la Fundación Universitaria Monserrate, donde se han revisado los múltiples debates, reflexiones e investigaciones en la academia alrededor de las víctimas del conflicto armado interno, que develan la magnitud de la crisis humanitaria que enfrenta el país en las últimas décadas, producto de diversos y complejos factores que han reconfigurado sus dinámicas, especialmente desde los años 80 del siglo pasado hasta la fecha. Ante las tensiones surgidas por el Acuerdo de Paz entre el estado colombiano y las antiguas FARC EP, y las negociaciones con el ELN, en medio del mismo conflicto, la reparación y atención integral de las víctimas avanza. Sin embargo, la tragedia de la guerra supera la capacidad del Estado para responder a todas las poblaciones victimizadas.

Un ejemplo corresponde a la población beneficiaria de la organización estudiada. En este orden de ideas, se describen aquí los hallazgos de la Investigación Acción, en torno al sentido y alcances de los procesos de reconstrucción de sus proyectos de vida relacionados con los dilemas de la Academia para superar la transmisión de conocimientos y pasar a la transformación social, como elemento misional de su responsabilidad social.

En el contexto nacional, el país no ha superado problemas estructurales detonantes del conflicto como es el de la tenencia de la tierra, la cual también confiere un poder político, a través del desplazamiento, el despojo y la acumulación de tierras (Machado, 1998; Pérez, 2004; Garay y Vargas, 2012; Grupo de Memoria Histórica 2013, 2015). A lo anterior se suma la permanencia de otras violencias en distintas instancias, siendo los mayores porcentajes para la violencia interpersonal, seguida de la intrafamiliar, el mayor de Suramérica (Fundación Ideas Para la Paz, 2014). Con relación al conflicto armado interno, existen 8.472.134 víctimas registradas (Unidad de Atención y Reparación Integral a Víctimas -UARIV-, 2017).

En este contexto, la Fundación Colombia Nuevos Horizontes recibe esta población proveniente de distintas regiones del país. Funciona desde hace 11 años, tiene su sede en el municipio de Soacha, el cual limita con la capital de la República y es en parte producto de la historia y del proyecto de vida de su fundador, quien como víctima se vio obligado a trasladarse del departamento del Caquetá (al sur del país) a Bogotá, al ser amenazado por las FARC. Después de vivir un mes en las calles llega a una fundación; allí sólo podía permanecer tres días, así que en el segundo día decide servir en la cocina y termina con el paso del tiempo administrando el albergue. Quienes consiguen los recursos no regresan, son desalojados y encuentran refugio en un garaje con la población beneficiaria. Entonces, decide crear su propia Fundación que ofrece alojamiento y albergue mientras las personas logran buscar una fuente de ingresos para su subsistencia. Con el paso del tiempo, traslada la Fundación al municipio de Soacha. Calcula que, durante su tiempo de existencia han pasado más de 3000 personas.

Las características sociodemográficas de Soacha dan cuenta en su configuración territorial, especialmente en su historia reciente, de urbanización acelerada y desordenada, caracterizándose por ser un “receptor nato” de población proveniente de distintas regiones del país, por razones socioeconómicas y por desplazamiento forzado. Según proyecciones (Departamento Administrativo Nacional de Estadística -DANE-, 2015) se calcula que el municipio cuenta con 522.422, aún no existe con un censo actualizado por lo cual esta cifra difiere de otras fuentes. Un porcentaje de la población que migra es atraído por la capital, pero ante la imposibilidad de residir en ella se ubican en el municipio vecino, junto con aquellas familias que provienen de la capital donde continúan estudiando y trabajando. La cercanía a la capital del país configura su territorio como una zona de expansión de la capital del país.

2. Metodología

El proceso de la investigación acción, (siguiendo a Carrera-Díaz, s.f.) se aborda desde el Paradigma Crítico Social (Habermas, 1989), el cual se propone dar cuenta de los elementos objetivos y subjetivos de la realidad social, en relación con su descripción y comprensión, para develar las formas de alienación, donde los conflictos se constituyen en motores de cambio, articulando la construcción de conocimiento sobre las contradicciones sociales, en clave dialéctica. Busca lograr una autorrealización del sujeto en la historia a través de la acción comunicativa y el consenso, según el interés de las ciencias de orientación crítica, como interés emancipatorio de la razón, dejando de lado las formas represivas y violentas, más allá de los fundamentos ideológicos sobre los cuales se define el sistema social, de acuerdo con una razón práctica.

Los aportes de la teoría crítica europea se traducen en América Latina en escuelas críticas donde se conjugan los aportes de la escuela de la pedagogía social, en cabeza de Paulo Freire con la educación popular, la educación de adultos, la pedagogía y la Teología de la Liberación resignificada en su producción escrita (1984, 1992, 2011). En el marco del Paradigma Crítico Social (Habermas, 1989), se asume la investigación acción IA (Moreno y Espadas, 2002) como tipo de investigación y como método al plantear un conjunto de técnicas (Alberich, 2007) que corresponden, en este caso, al enfoque cualitativo (Bonilla y Rodríguez, 2005; Hernández, Fernández y Baptista, 2010).

Al considerar la aplicación práctica de la investigación, se sigue una secuencia que se diferencia por fases: planificación, identificación de hechos, análisis, implementación y evaluación; en un proceso en espiral de sucesivas decisiones donde se analiza, se reconceptualizan y se redefine el problema una y otra vez (Lewin, citado por Hernández et al., 2010).

El estudio de Investigación Acción considera relevante la participación de los grupos o comunidades, pero no se presenta de manera permanente a lo largo de todo el proceso investigativo (como si se observa en la IAP). Como señalan Merino y Raya (citados por Moreno y Espadas, 2002) consiste en la aplicación del método científico a un problema con voluntad praxeológica donde ser requiere de cierta participación de los afectados en la IA. En este caso, la participación se da antes del proyecto y durante el mismo; incluye la consulta continua, pero la población no formula el anteproyecto. Sus aportes ayudan a su delimitación y durante el proceso se hacen acuerdos y retroalimentación continua alrededor de la acción.

La población participante tiene un promedio de estadía en la organización de cuatro meses, pero varía entre días y más de un año. Se observan ciertas tendencias: de origen rural en su gran mayoría, hacen parte de un proceso de descampesinización, víctimas de alguno o algunos actores del conflicto armado interno, en su mayoría habituada a labores del campo, proveniente de distintos lugares del país, con bajo capital humano para la ciudad, debilitamiento profundo del capital social, con necesidades sentidas que requieren acompañamiento psicosocial como recursos de apoyo en los procesos de duelo y en la reconstrucción de los proyectos de vida y de sus familias e inserción social. Un alto porcentaje no cuenta con garantías para regresar a su lugar de origen.

En el caso del planteamiento inicial del problema, fue construido a partir de los encuentros con la participación del colectivo y se orienta a responder sobre cómo se puede aportar a la calidad de vida de los beneficiarios de la organización. Para ello se abordó a la población, a través de reuniones, informales y formales, y talleres, con entrevistas abiertas y semiestructuradas, generando unos primeros consensos para el proceso investigativo. Otras técnicas utilizadas incluyen el diagnóstico participativo, la cartografía social, así como entrevistas narrativas y el socioanálisis como un medio para acompañar la transformación de los usuarios en el proceso de inclusión social, analizando las relaciones, la comunicación y los roles al interior de la organización de las familias.

3. Hallazgos: sobre los sujetos, las acciones y los sentidos

En la Tabla 1 se presentan algunas variables sociodemográficas de la población beneficiaria: 45 personas (29 son adultos y 16 niños).

Tabla 1:
Descripción población beneficiaria de la FCNH
Género Rango de edad Rango número miembros núcleo familiar Lugar de origen Nivel escolaridad* Actor* Hechos victimizantes reportados* Tiempo desde el o los hechos victimizantes*
Hombres: 53 % 18-59 1-10 Rural: 93 % BC: 26 %, FARC EP: 50 % Desplazamiento forzado: 99 % 2-5 meses: 36 %
Mujeres: 47 % 23-70 Urbano: 7 % **** CB: 21 %, AUC: 36 % 1-4 años: 57 %
Niños: 56 % 0-11 años TC: 16 %, NA: 7 % *** Amenazas: 99 % 5-7 años: 7 %
Niñas: 44 % 0-11 años BI y PI: 11 %, NS: 7 % Reclutamiento forzado: 7 %
PC:10 %, Atentado: 7 %
        PI: 5 % **   Muertes familiares: 7 %  

Fuente: Elaboración propia a partir del diagnóstico participativo, encuestas y entrevistas a beneficiarios, 2015

*No discrimina por género,

** TC: Técnico completo, TI: Técnico Incompleto, BC: Bachillerato Completo, CB: Cursa Bachillerato, BI: Bachillerato Incompleto, PI: Primaria Incompleta, PC: Primaria completa

****Los departamentos de origen son Antioquia, Caquetá, César, Chocó, Huila, Santander, Risaralda y Tolima.

A partir del diagnóstico participativo donde los beneficiarios compartieron sus opiniones sobre la Fundación, el papel de ella en ellos, y el de ellos en ella, se propuso plantear la dimensión de la acción, revisando sus retos y potenciales, para fortalecer su objetivo, a través de procesos de reflexión para articular la investigación con la acción (Lewin citado por Hernández et al., 2006). Se encuentra que el capital humano, social y económico requiere fortalecerse.

Para ello, se recapituló sobre estudios anteriores elaborados para la Fundación; en un árbol de problemas elaborado por los beneficiarios y directivos se presentan los primeros hallazgos del diagnóstico participativo. Se evidencian dificultades para prestar de manera adecuada servicios de alimentación y alojamiento, para adquirir espacios físicos y contar con una mejor atención para la población usuaria que se derivan de la dificultad de incrementar recursos, por la escasez, a su vez, de recurso humano, con planes de proyectos productivos que no despegan, así como una inadecuada estructuración de planes de apoyo para los beneficiarios.

El camino de la Investigación-Acción

Teniendo en cuenta que la IA da prelación a lo dado, para revisar lo que potencialmente puede aportar a esa transformación social, “analizando sus posibilidades potenciales transformadoras y planteando procesos instituyentes y reflexivos de los sujetos” (Alberich, 2007, p. 3), se compartieron las experiencias institucionales que ha venido implementando, trabajando con toda la población beneficiaria para definir la acción. Para ello se acudió a la cartografía institucional, pero al ir profundizando, sin preverlo, en todos los grupos de trabajo, afloraron los hechos victimizantes de los usuarios, recordando cómo se encontraban antes de estos eventos, cómo se produjeron y cómo finalmente llegaron a la Fundación. El mapa institucional se transformó en entrevistas narrativas, desde la iniciativa de los mismos participantes.

Los detalles en las descripciones se convirtieron en procesos catárticos, siguiendo la escucha activa de estas narrativas biográficas. El sentido democrático del ejercicio permitió este giro y la población participante se sintió satisfecha con el mismo al evaluarlo. Este ejercicio colectivo evidenció varios aspectos: por un lado, el cuidado que se requiere para no revictimizar a la población, dadas las experiencias de vida relatadas. Por otro lado, las problemáticas de convivencia reiteradas entre usuarios al interior de la Fundación y que ya se había referido en encuentros anteriores con sus directivos, que se empezaron a delatar en el ejercicio.

Sobre el diagnóstico institucional, se encontró que las personas sienten gratitud con la organización pues consideran que si no fuera por los servicios de alojamiento y habitación estarían en la calle. De hecho, algunos de ellos estaban a la intemperie antes de ser remitidos a ella por organizaciones estatales que debieron dar respuesta a su problemática. De igual manera, la Fundación gestiona procesos como inserción escolar de los niños y niñas que recibe, a través de un convenio con un colegio cercano y un jardín del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

Por otra parte, la organización ha contado a través de la asistencia social, con ayudas, colaboraciones, participación eventual de estudiantes de instituciones de educación superior y donaciones puntuales en dinero y en especie. En relación con el equipo de trabajo, dos personas de manera permanente acompañan el proceso con otras dos de apoyo, en funciones puntuales, sin embargo, manifiestan un desgaste frente a la responsabilidad de atender y asistir a las personas que reciben. La Fundación tiene una capacidad de 45 personas, a quienes no se les solicita ningún tipo de aporte económico. El compromiso se enfoca en seguir unas normas de convivencia que han surgido desde la experiencia misma y se han ido institucionalizando.

La acción

A través de grupos de trabajo conformados por el equipo investigador donde participaron 20 estudiantes de trabajo social como auxiliares de investigación, se realizaron nuevas reuniones con sus directivos para definir las líneas de acción de manera específica. Se adelantaron actividades de gestión y capacitación, que se articularon con la revisión bibliográfica, entrevistas y cartografía social para desarrollar las sublíneas de panadería, voluntariado, comunidad y convivencia (esta última transversaliza todas las anteriores) para aportar a la calidad de vida de la población.

A partir de este proceso, surge en la reflexión de la acción sobre el ser beneficiario, el papel de las Ciencias Sociales, el papel del Estado en este entorno urbano, así como las fluctuaciones de la asistencia y el asistencialismo; el papel del acompañamiento psicosocial, las dinámicas familiares, el sentido de la organización, así como el papel de la participación y del voluntariado.

Para entender el sentido de la acción

Para comprender el contexto sociohistórico y político para las posibles formas de reconstrucción de los proyectos de vida de los beneficiarios, se hace notable la invisibilización social ante la magnitud del daño a esta población, que se combina con formas asistencialistas del Estado y en algunos casos, de la misma organización que la reproduce. Sin embargo, también en términos dialécticos, el alojamiento, la alimentación que se pueden garantizar, son ayudas vitales, ante la exposición de la guerra que altera los proyectos de vida individuales, familiares y comunitarios.

El peligro de enfocarse solamente en las formas de violencia, tan evidentes como son las que provienen de la guerra, invisibilizan o devalúan, a su vez, los efectos de otras que acompañan los procesos de ayuda, emergencia, asistencia, pero lejos de la reparación integral que merecen. Existe un conjunto de significados alrededor de las dinámicas que se asumen en la ayuda al otro que contradicen los discursos en las prácticas que se observan, sin dejar de ayudar. Los límites de la alteridad en estas ayudas, sin la comprensión de los significados sobre quién es el otro y qué significa ayudar al otro, distorsionan ese apoyo que se presta, hasta el punto de que, proyectos que ya deberían ir despegando no arrancan porque lo urgente del día a día, oculta lo importante para los proyectos de vida, como es la superación de formas alienantes a través de procesos de empoderamiento, de reconocimiento de su condición como sujetos individuales y sujetos sociales, en términos de derechos y deberes que se dilatan, en medio de las dificultades que enfrentan en su nuevo entorno. De tal suerte que la Fundación sufre una persistente posición asistencialista, de procurar ingresos básicos para proveer alimentación y hospedaje, básicamente a través de donaciones, que se resuelven en actividades puntuales. Es un asistencialismo doble: con el trato de los beneficiarios que se insertan en esa red y para la Fundación misma, que sobrevive con tales prácticas.

El sentido de ser beneficiario en la Fundación

La población víctima ha sufrido violencia por parte de diferentes grupos al margen de la ley como paramilitares y guerrilleros. Como exponen las narraciones, los hechos victimizantes incluyen desplazamiento forzado, muerte de familiares, atentados contra sus vidas, despojo y abandono de bienes, entre otros, dejando secuelas físicas y emocionales. Una de las víctimas perdió todo su núcleo familiar. Otra persona debió abandonar a sus hijos aún pequeños y huir sin saber de dónde provenían exactamente las amenazas pues en la región estaban presentes paramilitares y guerrilleros.

En esas dinámicas se observan también casos de mutación de victimario a víctima. Por ejemplo, beneficiarios que en un momento dado hicieron parte de territorio fariano, donde su familia como las otras familias en el territorio eran farianas, al servicio de la entonces FARC-EP. En uno de estos casos, al llegar los grupos paramilitares, los miembros del grupo familiar fueron asesinados, el hombre en este caso debió huir al cambiar las dinámicas de control territorial y buscar refugio en la ciudad. Si bien legalmente no se reconoce como víctima al ser actor del conflicto armado interno, es evidente que la pérdida de familiares y el desplazamiento forzado hacia la ciudad cambian su condición. Ya no se encuentra en el territorio, no hay condicionamientos para pertenecer a un grupo específico que funja como red y al buscar salvaguardar la vida en la ciudad, pierde toda utilidad su adscripción.

En otro caso, se encuentra un joven oriundo de la zona rural de Tumaco reclutado por las FARC; siendo menor de edad, es entrenado por su hermano, quien con anterioridad ya había sido reclutado a la fuerza. El menor presenció la muerte de su hermano en combate por parte de los patiamarrados (soldados) y la muerte de su novia, cuando la visitaba en la cabecera municipal, quien recibe una bala que estaba dirigida a él. Siendo mayor de edad, ante el Estado colombiano ya no es una víctima sino un victimario más. Para las FARC era entonces un prófugo sentenciado a muerte. Así, se pueden encontrar en algunos casos víctimas victimarios, victimarios víctimas y en mayor porcentaje victimas revictimizadas.

Ante la gravedad del conflicto y sus consecuencias para quienes los atrapa de una u otra manera, se hace evidente la ausencia del Estado. La ansiedad que producen los hechos victimizantes, la injusticia por la falta de una respuesta institucional real ante las situaciones vividas y las dilaciones para una reparación integral que suman tristezas y desasosiego. Allí confluyen entonces con estos antecedentes los problemas de convivencia por la diversidad cultural, por la forma como asumen las instrucciones que deben seguir, por los hábitos adquiridos en el lugar de origen y los que deben cambiar para compartir los espacios, las comidas y los horarios.

La llegada a la ciudad: el Estado, tan lejos, tan cerca

Al llegar a una ciudad como Soacha, que limita con la capital, se conoce el papel del Estado en términos de infraestructura y servicios, así como la gama variada de niveles de exclusión y desigualdad, donde la población víctima suele superar la pobreza de los pobres históricos de la ciudad. En la Fundación, sólo uno de sus beneficiarios al momento de la realización del diagnóstico tenía un empleo de tiempo completo, por el cual recibía menos del salario mínimo y no contaba con ninguna prestación social. Del dinero que recibía sacaba un porcentaje para enviar a sus padres y a una hermana en Tumaco, pues no tenían empleo y su subsistencia dependía de él. Del total de beneficiarios ninguno recibía ayuda por parte del Estado, aunque se habían registrado como población en situación de desplazamiento forzado y habían sido aceptados como tales.

Proyectos de emprendimiento: el estímulo al asistencialismo y la desazón frente al emprendimiento

De acuerdo con lo ya descrito, no sorprenden las dificultades encontradas en la Fundación para constituir empresas productivas. Además de las debilidades en capital humano y social se detecta una dinámica que tiende a repetirse. Según el representante legal, cuando se asignan tareas a los beneficiarios en proyectos, se presenta una tendencia hacia el individualismo al asumir el rol de dueños, lo cual conlleva a conflictos que terminan en solicitudes de salida de los beneficiarios por parte de sus directivos.

A lo anterior se suma, por una parte, el problema ya expuesto de convivencia en relación con el uso de los servicios que la organización les ofrece, así como en las interacciones al interior de cada familia, entre familias y beneficiarios y directivos. Por otra parte, el temor a ser nuevamente desplazados por miembros de grupos armados presentes en las zonas donde llegan, así como el estigma social al ser asociados con victimarios y entrar a competir en servicios y bienes del Estado con las poblaciones que los reciben, quienes también suelen contar con un bajo capital humano y social. Asumen que “algo deben”, “por algo les sucedió eso”, victimizándolos nuevamente, por lo cual en muchos casos prefieren callar (Entrevista beneficiario, 2015).

La salida abrupta por problemas de convivencia deja a las personas y sus familias sin mayores alternativas para esquivar la precariedad. La Fundación no cuenta con un plan “B” para estos casos. Esta situación reiterada impide fortalecer los vínculos y ampliar los alcances de la organización en su entorno para aportar a la construcción de comunidad. Es así como la convivencia como tema esencial para los beneficiarios, se trabaja a través de un proceso con talleres secuenciales, organizado por estudiantes de Trabajo Social quienes como auxiliares de investigación2, articularon la investigación con la práctica, siguiendo el Método de Grupo. Para los beneficiarios implicó un ejercicio de confrontación para el cambio en sus hábitos y prácticas. Este primer paso al irse fortaleciendo podría ir ampliando el sentido de las relaciones en la reconstrucción de tejido social, desde el nivel personal, pasando por el familiar, grupal y comunitario, de acuerdo con los primeros resultados positivos, especialmente con los niños. Como señala Ela Téllez-Murcia (2010) al referirse a las comunidades,

El conflicto no siempre se resuelve y eso fue un aprendizaje para quienes participamos, al revisar algunas de sus aristas. Las dificultades no resueltas en las familias y en los grupos tienen una afectación profunda sobre las solidaridades construidas, generan angustia, ansiedad y toda una serie de sentimientos y emociones, incluso formas de agresión que implican un reconocimiento de la fragilidad humana (p. 15).

Los casos de agresión entre parejas, de los padres hacia los hijos y entre familias, así como con sus directivos se evidencian. Hay un espacio que es necesario establecer que supera el espacio de habitación, de la alimentación, de la higiene física, de algún tipo de ocio más allá de ver televisión; corresponde al espacio espiritual que conecta las emociones y los pensamientos, para hallar el equilibrio que se evidencia en la acción, a través de las interacciones, de las prácticas; es lo que requieren tanto sus usuarios como sus directivos pues se percibe también en estos últimos un agotamiento frente a las demandas de la población que atiende.

El acompañamiento psicosocial

Esa ausencia de espacio espiritual y emocional no permite la expresión del dolor como cada persona lo requiere tramitar. En el compartir con directivos y usuarios los sentimientos afloran con lágrimas, ansiedad, tensionando sus cuerpos, con el dolor que se puede palpar en el ambiente. Evocan en su memoria los hechos dolorosos, los detalles del día cuando se salió de cacería y al regresar toda la familia había sido asesinada por paramilitares; cuando huyó con sus padres porque la guerrilla venía a llevárselo a la fuerza a sus filas. O en otro caso, cuando no alcanzó a huir y fue reclutado, en la forma como fue entrenado, en el rol que asumió en la organización como el más osado, su alias era el elegido; cuando desertó, llegó a Tumaco y encontró a otros muchachos que también habían huido y pensaban que él venía por ellos, para llevarlos de nuevo al campamento y ajusticiarlos.

Retomando a Téllez-Murcia (2010), los amores, desamores, afinidades, afirmaciones, negaciones, identificaciones, etc. son parte fundamental del problema y causa de la inestabilidad y complejidad de las relaciones familiares y comunitarias (p. 15).

Al expresar con tantos detalles su condición de víctimas, se evidencia la necesidad sentida de un acompañamiento psicosocial realmente integral que permita relaciones plenamente intersubjetivas de aceptación y reconocimiento tanto de sí mismo como del otro. Una de las gestiones se llevó a cabo con la Universidad Externado de Colombia, la cual, a través de los programas de Trabajo Social y Psicología, abrió un centro de escucha para el acompañamiento psicosocial como campo de práctica de las dos carreras. Ha sido satisfactorio contar con estas herramientas para sus beneficiarios, así como la posibilidad de vincularse a procesos terapéuticos individuales y grupales a través de terapias integrativas pues en la medida en que se liberan las tensiones se cuenta con mayores herramientas para la convivencia y la resolución de conflictos, para reconstruir los proyectos de vida individuales y familiares.

El papel de las Ciencias Sociales

Si bien una advertencia permanente para quienes se forman dentro de las Ciencias Sociales es que cuando se trabaja con poblaciones con alta vulnerabilidad, como la población víctima, se debe evitar el asistencialismo, se observan de manera reiterada las ayudas puntuales y desarticuladas, la instrumentalización de la población para las pasantías y proyectos de grado, a excepción del proceso arriba citado con los campos de práctica que buscan permanecer. Como proyección social, los resultados no son los más deseables, de tal suerte que cuando se trata de acompañar a la población para superar las distintas formas de alienación, la academia puede correr el riesgo de alentar prácticas asistencialistas y protestar ante quienes cuestionan tales prácticas y se las desacomodan según sus lógicas administrativas.

La superación de la alienación implica una autorreflexión que demanda otras formas de pensar y actuar en la realidad social. Las resistencias al cambio pueden surgir de las mismas poblaciones y de quienes consideran que las ayudan para superar su condición de desigualdad y exclusión social. Las dinámicas reiteradas que las nutren contienen principios ideológicos y contextuales que impiden reconocer las condiciones alienantes del sistema, de la academia, de quienes sirven a estas poblaciones, y de las mismas poblaciones. Independientemente del conflicto, la población atendida ya soporta las desigualdades estructurales tan evidentes del campo colombiano, donde la pobreza puede ser hasta tres veces mayor que en las ciudades (DANE, 2015). Poblaciones que en muchos casos han estado históricamente abandonadas por el Estado colombiano.

Las familias

Distintos autores han venido documentando en las últimas décadas los cambios en las familias de la población víctima que sufre desplazamiento forzado (Gutiérrez, 2008; González, 2004), en relación con las transformaciones en sus tipologías, roles y alteración de las identidades como familias incompletas, ante la ausencia de alguno o algunos de sus miembros.

En el caso de los hombres, en la Fundación no pueden cumplir con su papel de proveedores tradicionales y, con mayor predominio, las mujeres atienden quehaceres domésticos en medio del espacio que comparten con otras familias. Sin duda, el apoyo de la Fundación es fundamental mientras procuran ubicarse en la ciudad. A pesar de este apoyo, se percibe la soledad y en algunos casos el aislamiento. La heterogeneidad cultural de las familias y la transitoriedad de la estadía no generan mayores vínculos interfamiliares. A veces se observa cierta competencia por los servicios de la institución que inhibe la posibilidad de confiar en otros. No emergen acciones colectivas más allá de las propuestas por estudiantes de las pasantías en un marco lúdico, como obras de teatro, actividades de zumba, entre otras. Como señala C. González (2004):

Las mayores transformaciones en la estructura familiar se presentan generalmente en el periodo anterior al desplazamiento de la familia y durante los primeros meses de asentamiento en el sitio de llegada […] Al llegar, las familias originariamente extensas y aquellas con hijos/as jóvenes, suelen haber modificado su estructura (p. 124).

Antes de su llegada ya han sufrido separaciones y durante el tiempo que permanecen en la organización se siguen observando. Niños que deben salir para ir a vivir con otro(s) familiar (es), separación de parejas y repartición de los hijos, lo cual resulta muy doloroso e incomprensible para los niños.

El sentido de la organización

La Fundación quiere proponerse ser autosostenible lo cual requiere un proceso de autoemancipación, de construir equipo y retomar los proyectos en los casos donde la academia, de manera sólo puntual, ha acompañado a través de algunas acciones de gestión, planificación y consecución de recursos. De igual manera, en el proceso de reflexión se evidenció la necesidad de renovar su perspectiva interna y externa. De cómo observar al usuario, especialmente en lo que puede aportar, en los conocimientos que trae y que se pueden resignificar en la ciudad. Saber cómo convivir en la diferencia, reconocer cómo se observan a sí mismos y a los otros, y si se está dispuesto a compartir parte de su mundo con otro. E incluye también a quienes llegan de la comunidad académica.

A través de “la indivisibilidad de la reflexión y la acción de la praxis humana” (Freire, 1984, p. 15) se puede pasar de la opinión, doxa, al conocimiento, logos, sobre lo que está dado y lo que se está dando, sobre lo que permanece y sobre lo que cambia en la realidad social. Para todas las Ciencias Sociales, no hay posibilidades de asumir una posición neutra; “o adhiere al cambio que se encauce en el sentido de la humanización verdadera del hombre, de su ser más, o queda en favor de la permanencia” (Freire, 1984, p. 16).

Aquí el punto no solamente se dirige a que las Ciencias Sociales y específicamente el trabajador social y las poblaciones superen el anti-cambio, incluye reconocer en la realidad histórico cultural, la realidad personal, que conduzca a la acción por el cambio. La IA no es sólo una empresa social comunitaria, es sobre todo una empresa personal. Como es indivisible la reflexión de la acción, es indivisible lo personal de lo grupal y comunitario. Trabajar desde la IA es una exposición para batallar frente al discurso y la acción, en este caso de las personas víctimas y de sus organizaciones, de cómo se insertan o no en las estructuras sociales que les han sido impuestas, para no seguir alentándolas para su dominación. Un aspecto de la complejidad social tiene que ver con que las resistencias al cambio; no solo son externas a quienes lo proponen, también son internas.

Paulo Freire (1984) señala que quienes hacen parte de los procesos deben entenderse en sus relaciones con los otros, para hacer los cambios que se requieran para la su transformación social. Pero las prácticas de no cambio también se observan entre quienes requieren de manera imperiosa ese cambio que se puede oponer al mismo, especialmente cuando no se está en comunión, en con vivencia con los otros, pues se impide pasar del ser para sí al ser con otro y dejar de ser para otro como una forma de dependencia (Freire, 1984), asimilando prácticas de dominación. Es decir, en el mundo social no hay dos partes antagónicas, hay muchas y se asumen sujetos antagónicos no sólo con el sistema, también con ellos mismos.

La dificultad mayor que se encuentra en el proceso es la de cambiar, aunque se desee ser más (Freire, 1984), tanto de los directivos y usuarios como del equipo de la comunidad académica. Esta dificultad apunta a lo que señala Freire sobre lograr un cambio político en la percepción de la realidad hacia afuera y hacia adentro; de pasar de una percepción distorsionada de la realidad a una percepción crítica de quienes hacen parte del proceso. La lucha por el cambio también comprende el tipo de compromiso de quién puede comprometerse que “indaga sobre la ontología del ser sujeto del compromiso” (Freire, 1984, p. 36). La respuesta se encuentra en la capacidad de reflexionar y de actuar; el nudo gordiano de la investigación acción, elementos constituyentes de la praxis. La importancia del acompañamiento psicosocial reside en que las personas víctimas evidencian que se encuentran obstaculizadas en su actuar y en su reflexionar; los hombres se encuentran hondamente heridos en sí mismos, como seres del compromiso. Compromiso en el mundo que debe ser humanizado para la humanización de los hombres, responsabilidad con éstos, con la historia (Freire, 1984, p. 40).

Sobre el sentido del voluntariado

En relación con el voluntariado suele existir cierto desconocimiento de lo que implica su ejercicio, atribuyendo a cualquier acción asistencial el término. El voluntariado implica una acción voluntaria organizada, a través de funciones específicas que aportan a la resolución del problema, con la sustentabilidad-sostenibilidad de la organización a la cual se adscriben, reconociendo e interiorizando su misión y sus valores, de tal suerte que el voluntario comprende su engranaje y se ubica en su contexto, reflexionando en la acción para apartarse de la asistencia puntual, esporádica y coyuntural (Navajo, 2004).

En el caso de la Fundación, ésta cuenta con colaboradores entre esporádicos y otros con cierta permanencia, pero no se evidencia un voluntariado definido, por lo cual se realizó un trabajo que incluyó la elaboración de cartografía de las instituciones que en Soacha y en Bogotá trabajan el tema, sea ofreciendo voluntarios y/ o capacitando en voluntariado. De manera específica, la organización no gubernamental Fe y Alegría ofreció un equipo de voluntarios para lo cual, desde la panadería se presentó el proyecto, para así contar con ellos e iniciar la venta de los productos. De igual manera, se hizo un contacto con una institución de educación superior Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca, la cual ofreció una asesoría con un equipo interdisciplinario, para diseñar la página web con los productos. También se elaboró un instrumento para hacer un primer sondeo entre quienes reconocen el trabajo de la Fundación y hacen parte de sus redes de apoyo, para saber cuáles productos les interesa y en qué cantidad. Ya verbalmente expresaron su interés en comprarlos.

En este orden de ideas, el voluntariado se define como “un sector organizado que se mueve fuera del mercado y sus unidades de producción no razonan en términos de maximizar sus ingresos, ni siquiera con ratios de coste/beneficio, sino que utilizan continuamente categorías éticas y son movidas por estímulos morales” (Kliksberg, 2006, p. 287). Aunque su lógica contradice el sistema económico imperante, “el voluntariado es un gran productor de bienes y servicios sociales” (2006, p. 289) en relación con los resultados y externalidades que genera, al operar en los sectores sociales más pobres. El voluntariado es un constructor de capital social, de participación y construcción de ciudadanía, que a diferencia de otros capitales “cuanto más se usa más crece” (Hirschman citado por Kliksberg, 2006, p. 292).

En lo que concierne a la academia se requiere reforzar el sentido del voluntariado, que implique, retomando a B. Kliksberg (2006), formar a los estudiantes no sólo en el trabajo de voluntariado como parte de su período de estudio, como una experiencia significativa de la historia personal en la vida universitaria. Formar profesionales que sean voluntarios como parte de su trayectoria de vida y como sentido que permea la responsabilidad social universitaria, considerando ampliar las áreas de conocimiento en relación con el desarrollo y las ciencias gerenciales, en pro de la responsabilidad social, integración regional, con una perspectiva ética.

Desde las Ciencias Sociales y específicamente desde Trabajo Social, se requieren profesionales con capacidades gerenciales para el emprendimiento social sobre proyectos concretos, sin perder los ideales; reconocer los retos que implica trabajar con población víctima, más allá de todo romanticismo engañoso. Precisamente, una de las falencias que se reconoce en el proceso con la Fundación es la falta de capacitación en proyectos, especialmente productivos, donde las Ciencias Sociales también pueden aportar al desarrollo socioeconómico con soluciones innovadoras, con una perspectiva compleja interdisciplinar.

La situación del país en el conflicto armado interno, donde la Fundación es una muestra de lo que sufren miles de familias y millones de personas, debe hacer volver los ojos a quienes Freire llamó desharrapados, quienes van a la guerra (sean paramilitares, guerrilleros o soldados) así como a quienes inermes la sufren (poblaciones rurales campesinas, indígenas, afrodescendientes). Son las más pobres del país y con la guerra se hacen aún más pobres.

En este orden de ideas, el voluntariado es una herramienta solidaria fundamental para la construcción y reconstrucción de tejido social, para el trabajo comunitario, grupal, familiar e individual, bajo las premisas de una ética del desarrollo (Sen y Kliksberg, 2011) que implica articular la ética con la economía y donde las Ciencias Sociales pueden aportar, entendiendo que con él también se potencia cuando quien recibe aprende a dar y quien da aprende a recibir pues, en términos dialécticos, siguiendo a Freire, para seguir aprehendiendo que “nadie libera a nadie, ni nadie se libera solo, los hombres se liberan en comunión (Freire, 2011, p.37) [educándose] “entre sí con la mediación del mundo” (2011, p. 75).

Por lo tanto, reconocer el mundo (análisis de contexto desde una lectura sociohistórica crítica) es reconocerse en el mundo, reconocer a los otros en el mundo, para llegar a un nosotros en nuestro mundo.

La tarea no es fácil en términos ideológicos, profundamente políticos, sociales, económicos y culturales. Sin embargo, el hecho de observar nuevas interacciones en la comunicación, nuevas palabras en los diálogos que invitan a la intersubjetividad, en términos de Catherine Walsh (2007), como una forma de comunicación donde se visibilizan las distintas subjetividades y no se impone una sobre otra, empiezan a modificar las acciones y ellas a su vez generan reflexiones que conducen a otras nuevas acciones para el ejercicio de la libertad para la transformación social. Se han empezado a gestar nuevas ideas que redundan en esas acciones de manera sucesiva para cerrar ciclos alienantes y entrar a nuevos, de autonomía, y así pasar de ser víctimas a supervivientes.

4. Conclusiones

Se observa una despolitización de la participación en el ejercicio de la vida cotidiana. Las víctimas han sido afectadas por años de concentración y competencia de poderes que los ha obligado a salir de sus territorios, esas afrentas sociales que sufren resultan a favor de grupos políticos armados. El interés por la libertad y la autonomía de cada uno de los participantes en un proceso de investigación acción no puede estar desprovisto del compromiso político que surge de la autorreflexión, en el sentido más amplio, de mejorar la calidad de vida.

¿Qué se entendería aquí por autorreflexión? Como un proceso al alcance de todos, dialógico y procesual donde se asume la lectura crítica del nosotros para el crecimiento personal y colectivo, que conduzca a la realización de estrategias específicas en la praxis social, por lo cual tiene tanto de colectivo como de personal, del yo al nosotros, del nosotros al yo, enriqueciendo la acción para la transformación social.

Pero la dificultad de la autorreflexión radica en la resistencia que se observa en algunos casos de mirar más allá de instalaciones comunicativas fundamentadas en formas violentas, que se enfocan en los victimarios del conflicto, pero no se reconocen en las prácticas cotidianas, en las violencias físicas, psicológicas, simbólicas, entre otras, que surgen a través de las interacciones sociales; en la forma como se enseña a los niños, como se construye la relación de pareja, como se significan los géneros en ella, como se protege a la familia, como se expresan los desacuerdos, como se expresan y resuelven los conflictos.

En el camino de la autorreflexión sobre la acción se espera lograr una mayor concienciación de profesionales, estudiantes, directivos, beneficiarios que hacen parte del proceso, donde se desinstalen las violencias, activando las memorias sobre los eventos y así exorcizarlos. En este sentido da cuenta de un proceso de ideologización social referido a las formas de asumirse y desenvolverse en las distintas interacciones de la cotidianidad, de acuerdo con las formas de pensar que resultan en formas de actuar; permeadas por prácticas violentas. En el proceso de socionálisis se evidencia el double bind; se dice lo que no se piensa para mostrarse coherente. Pero los problemas de convivencia van y vienen en la cotidianidad, trasversados por la violencia.

El proceso debe continuar hacia una reflexión más profunda que permita a su vez una mayor concienciación de la cotidianidad, de la significación de sus prácticas, de sus habitus para despojarse de formas violentas, para cambiar desde el ser interior las formas de asumirse en un nuevo mundo, también muy violento en términos de exclusión y de desigualdad pero que desde la organización puede replantear las prácticas y el sentido de estar en él, en términos personales, familiares, grupales y colectivos.

El compromiso para el cambio social requiere un conocimiento profundo mediado por factores sociales, culturales, económicos y afectivos. En este sentido, la academia debe ser más contundente en los procesos de formación, sobre cómo llegan los estudiantes y docentes para la investigación-acción en un mundo cambiante, donde se asuma el voluntariado como parte de un estilo de vida, diferenciado de la educación bancaria (Freire, 2011) con el ideario de una pedagogía de la esperanza.

Existe una dificultad entre la enseñanza académica de la Investigación Acción y su puesta en marcha pues tiende a distorsionarse; se observan a las poblaciones y al investigador de manera romántica, se idealizan las poblaciones y se olvida que son seres de carne y hueso, seres históricos, culturales. Los procesos de Investigación Acción como tipo de investigación y como metodología dialógica transformadora implican una confrontación en tres sentidos: hacia sí mismo, hacia el otro y hacia el nosotros, sobre un substrato fundamental, el de la comunidad, que requiere resignificarse, para propender por proyectos de desarrollo comunitario para favorecer la calidad de vida.

El proceso requiere tiempo y ya que tratamos sobre el tiempo, retomamos de Bergson citado por Freire, el concepto de “Duración”, “sinónimo de tiempo real, el aspecto más importante de la vida humana” [donde se caracteriza] la contradicción estabilidad-cambio, como un proceso que se da permanentemente en el tiempo vivido por los hombres” (1984, p.12). Este es el factor que más se requiere y que en el mundo contemporáneo más se restringe, incluyendo a las Ciencias Sociales pues los tiempos académicos están predefinidos por encima de las dinámicas que se van configurando en los procesos investigativos.

Por otra parte, se debe recuperar el valor de la palabra, en el marco de la acción comunicativa (Habermas, 1989), desde la perspectiva dialógica de la teoría crítica y de las nuevas propuestas como la escuela Modernidad/ Colonialidad, en las narraciones, en la reconstrucción de sus historias, de sus biografías, en las estéticas y sus manifestaciones, para propiciar proyectos que configuren nuevos escenarios donde las poblaciones reconozcan su salida de la victimización y revictimización, como acción y reacción que se ha procurado históricamente, en múltiples ocasiones, a través de diversas formas de violencia

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Este artículo presenta los resultados de la investigación Fundación Colombia Nuevos Horizontes: un estudio desde la investigación acción con población víctima del conflicto armado, 2014-2016.
Las estudiantes del Programa de Trabajo Social de la Fundación Universitaria Unimonserrate que participaron como auxiliares de investigación en esta sublínea fueron: Diana Cristina Acosta Ámbito, Norida Lizette Barrera, Mallory Key Lizcano Dávila, integrantes del semillero.